Íñigo Sanz, CTO de atmira, compartió una perspectiva tecnológica que arroja luz sobre el estado actual y las posibilidades futuras de la IA. Según Íñigo, la Inteligencia Artificial ha recorrido un largo camino y, aunque lleva casi un siglo en desarrollo, es en los últimos años cuando ha alcanzado una madurez significativa.
Gracias a la democratización de herramientas y al avance exponencial de las tecnologías subyacentes, la IA está más presente que nunca en nuestras vidas y en las estrategias empresariales. Sin embargo, aún queda un largo recorrido por explorar y desarrollar, especialmente en cómo puede transformar procesos y aportar valor real a las organizaciones.
En el mundo empresarial, la IA está pasando de ser una herramienta de apoyo a convertirse en un agente activo que ejecuta tareas de manera autónoma. Las empresas aún se encuentran en una etapa de aprendizaje, explorando cómo implementar estas tecnologías de manera efectiva.
Aunque se teme que la IA sustituya ciertas actividades laborales, Íñigo subrayó que más que reemplazar empleos, la IA transformará la manera en que trabajamos. En el sector del recobro, por ejemplo, se enfrenta al desafío de mantener un trato personal, algo crucial debido a la sensibilidad de las situaciones involucradas.
La IA en el sector del recobro
Respecto al recobro, Íñigo identificó dos áreas clave donde la IA puede aportar valor: la eficiencia operativa y la mejora en la toma de decisiones. En términos de eficiencia, la IA permite automatizar tareas repetitivas, gestionar grandes volúmenes de datos y habilitar nuevos canales de interacción, como asistentes virtuales que facilitan procesos de autocuración.
En cuanto a la toma de decisiones, herramientas avanzadas de análisis predictivo y técnicas como la analítica de grafos están revolucionando la forma en que las empresas identifican patrones, optimizan estrategias y predicen resultados.
La personalización también surgió como un tema relevante, ya que la IA permite un tratamiento más individualizado de los usuarios. Sin embargo, esta hiperpersonalización plantea desafíos regulatorios y éticos.
Se habló de la importancia de cumplir con normativas como la AI Act, que establece controles estrictos sobre el uso de IA y prioriza principios como la transparencia y el respeto por la privacidad. Además, el papel principal de la IA debería ser el de asistente, apoyando a los humanos en la toma de decisiones.
Finalmente, se abordó un desafío fundamental para cualquier estrategia de IA: la calidad de los datos. Sin datos fiables y bien estructurados, incluso las tecnologías más avanzadas fracasan. Para superar este obstáculo, recomendó adoptar una visión estratégica que incluya objetivos claros, responsables definidos y sistemas de monitoreo continuo. Además, subrayó la importancia de las arquitecturas en tiempo real, que permiten disponer de datos actualizados para tomar decisiones de manera ágil y efectiva.
La charla concluyó con una reflexión sobre el papel transformador de la inteligencia artificial. Según Íñigo, estamos en un punto donde las organizaciones deben decidir si subirse al tren de la IA o arriesgarse a quedarse atrás. Aunque el camino está lleno de retos, también ofrece oportunidades inmensas para quienes sepan integrarla estratégicamente en sus operaciones.